martes, 21 de abril de 2009

"El atormentador de sí mismo": Cremes y Menedemo



CREMES. - Aunque nuestro mutuo conocimiento es muy reciente -arranca de la fecha en que compraste una propiedad en estas cercanías y casi no ha habido entre nosotros más relaciones- sin embargo tu honradez, y también la vecindad, que para mí es frontera de la amistad, me inducen a darte con franqueza un consejo de amigo: me parece que tu proceder no está de acuerdo con tu edad ni con lo que requiere tu posición. Pues, por los dioses y los hombres, ¿qué
pretendes? ¿Qué fin persigues? Tienes ya sesenta años, o algo más, a lo que entiendo; finca mejor o de mayor precio nadie la posee en estos contornos; gran número de esclavos, y ... como si no tuvieras ninguno: tanto te afanas tú mismo por desempeñar los menesteres que les son propios. Por temprano que salga de casa o por tarde que vuelva a ella siempre he de contemplarte en tu finca o cavando o arando o transportando algo; en fin, no paras un minuto, no tienes miramiento a tu propia persona. Que ello no constituye para ti una fiesta, por seguro lo tengo. "Pero", me dirás, "no estoy satisfecho con la labor que aquí se me hace". - Más adelantarías si aplicaras a poner en movimiento a los demás las energías que consumes en realizar tú mismo el trabajo.
MENEDEMO. - Cremes, ¿tan libre te dejan tus asuntos que hayas de preocuparte de los ajenos aunque no te afecten para nada?
CREMES. - Soy hombre y no considero como ajena la preocupación de ningún hombre. Hazte cuenta que te doy un consejo o que me informo: para imitarte, si tienes razón, o para corregirte en el caso contrario.
MENEDEMO. - Yo necesito proceder de esta manera; tú actúa como hayas de actuar.
CREMES. - ¿Puede hombre alguno necesitar atormentarse a sí mismo?
MENEDEMO. - Yo (lo necesito).
CREMES. - Si te aquejara algún infortunio, lo lamentaría; pero, ¿qué desgracia es la tuya, por favor? ¿Qué has hecho para merecer tan duro trato?
MENEDEMO. - ¡Ay!
CREMES. No llores, y, sea lo que sea, desahógate conmigo. No te cohíbas, habla sin temor, pon en mí tu confianza, te digo; te ayudaré o con mis palabras, o con mis consejos, o con mi dinero.
MENEDEMO. - ¿Lo quieres saber?
CREMES. Sí, por el motivo que te acabo de decir.
MENEDEMO. Lo vas a oír.
CREMES. Pues deja entretanto esa azada, no trabajes.
MENEDEMO. De ninguna manera.
CREMES. ¿Qué pretendes?
MENEDEMO. - Permite que no me conceda un momento de descanso en el trabajo.
CREMES. - No, te digo, no lo permitiré. (Le arranca la azada de las manos).
MENEDEMO. - ¡Ah! No tienes razón.
CREMES. - ¡Oh! Y ¿cómo tan pesada?
MENEDEMO. - Todo eso me merezco.
CREMES. - Ahora habla.
MENEDEMO. - Tengo un hijo único, muy joven ... Pero ¿cómo he dicho "tengo"? No, Cremes, lo tuve; pues ahora ignoro si lo tengo o no lo tengo.
CREMES. ¿Cómo es eso?
MENEDEMO. - Lo vas a oír.- Hay aquí una anciana, forastera, natural de Corinto, muy pobre: mi hijo se enamoró perdidamente de su hija, y ya casi la tenía por su mujer; todo ello sin que yo me enterara. Cuando supe el caso, en lugar de tratarlo con suavidad, como requiere el corazón enfermo de un joven, acudí a la violencia, al procedimiento habitual de los padres. Cada día un sermón: "Dime ¿crees que se te ha de permitir por mucho tiempo, en vida de tu padre, continuar así, haciendo de esta amante ya casi tu mujer? ¡Estás equivocado si tal piensas, y no, me conoces, Clinia. Yo consiento en que pases por mi hijo mientras tu conducta sea digna de, ti; pero si tu conducta no es esa, yo sé cuál ha de ser la digna conducta que he de observar contigo. Sólo hay una razón a todo esto es el fruto de una excesiva ociosidad.

Yo, a tu edad, no me ocupaba de amores: por falta de recursos abandoné este país para irme a Asia y allí, en el oficio de las armas, hallé a la vez la gloria y el dinero". El resultado final fue éste: el muchacho, a fuerza de oír las mismas palabras y con la misma aspereza se rindió; creyó que mis años y mi cariño (de padre) me daban más luz y una previsión que él a si mismo: Se ha ido a Asia a ser soldado del rey, ¡Cremes!.

4 comentarios:

Mishka dijo...

Hola... quería saber si esta obra está completa, o usted la tiene completa que por favor me la pueda facilitar? Gracias.

Anónimo dijo...

pola marquez

esta obra esta completa?

Anónimo dijo...

no mames, ésta no es la obra completa no es ni una decima parte

Anónimo dijo...

no mames, ésta no es la obra completa no es ni una decima parte